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Después de toda una vida dedicada por completo a atender a clientes y pacientes, puedo resumir mi experiencia de la siguiente manera, aunque brevemente. Este tema podría ser objeto de discusión y trabajo ininterrumpido durante todo un año, pero, si es necesario hacerlo de manera concisa, se resume en lo siguiente.

La esencia fundamental de una vida plena se encuentra en un equilibrio armonioso entre cuatro aspectos fundamentales. En primer lugar, la alimentación debe ser saludable y consciente, ya que incluso la microbiota, esa comunidad microscópica que habita en nuestro cuerpo, posee una influencia psíquica considerable, superando incluso al psiquismo. Los alimentos natrales, la variedad y la mesura han de regir nuestra manera de comer.

Además, es imperativo cuidar tanto de la salud mental como de la física. La gestión autónoma de la salud psíquica es crucial, y para ello, es esencial dedicar tiempo a descansar adecuadamente. Por más que nos alimentemos bien y manejemos nuestras emociones, un cuerpo fatigado se desmorona. El cansancio provoca una sensación de hambre que nos lleva a una dieta desequilibrada, magnifican emociones dañinas (estamos más irritables, tomamos decisiones precipitadas, …).

Incorporar ejercicios y prácticas específicas es otro pilar fundamental. Si buscamos lograr mejoras concretas, debemos tomar medidas concretas. Por ejemplo, si deseamos que nuestros músculos sean más elásticos, debemos realizar ejercicios de elasticidad de manera consistente, ya sea en casa, en el gimnasio, con la guía de un entrenador personal o mediante una aplicación móvil.

Para optimizar la circulación energética en nuestro cuerpo, acudir a técnicas como el shiatsu o la acupuntura puede ser beneficioso. Cada uno de estos enfoques contribuye al mantenimiento de un sistema integral de bienestar.

Asimismo, si buscamos manejar nuestras emociones, participar en cursos de autoayuda, leer libros especializados o recurrir a profesionales en la materia puede marcar una diferencia significativa.

La conclusión es clara: la falta o debilidad en cualquiera de estos cuatro pilares puede comprometer el sistema en su conjunto. A lo largo de décadas de experiencia, he comprobado que la ausencia o debilidad en uno solo de estos aspectos afecta negativamente a la persona. Por tanto, la implementación integral de estos principios es esencial para lograr un bienestar completo y duradero.

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